Palabras silenciadas, en orden desordenado

Pd: En el caos encuentro orden, y en el orden me vuelvo caótica. Soledad. Paredes. Silencio. Una frase larga y desordenada. Diez imágenes encuadradas y veintiocho personas pensando cómo des-encuadrarlas. Entre ellas, Amelia, que no sabe trabajar bajo presión. Piensa y escribe mucho; a veces, escribe sin tanto pensar. A veces, piensa tanto que no puede escribir. “Soledad”; “paredes”; “silencio”. Palabras sueltas, imágenes colgadas. Debe elegir una y no se le da bien decidir.  ¿Será aquella de persianas cerradas? ¿Qué historia podría inventar? Persianas que le recuerdan a aquellas de la habitación en la que murió por primera vez. LA 302. Acostada en un mar de lágrimas, Amelia contemplaba los pequeños rayos de luz que esquivaban la oscuridad. Deseaba ella también poder escapar. Qué historia tan poco merecedora de ser contada. ¿O será aquella de un pasillo de hotel tambaleante? Esa sí que no. Era Amelia quien tambaleaba mientras pedía ayuda entre gritos y sollozos. No era el alcohol, era el dolor y el asco los que nublaban su vista e interrumpían sus pasos. Esa historia ya merece punto final.  Al lado, otra imagen, esta vez inentendible, pero que también trae consigo recuerdos. Esta vez de los azulejos del baño en el que intentó lavar las frías manos del hombre de su cuerpo, y que tampoco le permite gozar del olvido. Y esa otra que tranquilamente podría ser una fotografía de ella misma volviendo a su casa aquella noche. Esa sí que no elegiría.  Diez imágenes encuadradas y veintiocho personas pensando cómo des-encuadrarlas. Entre ellas, Amelia, que entre tanta gente entiende el significado de la soledad; entre tantas paredes entiende el pasado que la encarcela; y entre tanto silencio entiende que lleva muchos años permaneciendo callada.

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