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Madrid, Madrid

Madrid, tierra de todos. Tierra de nadie. ¿Cómo hago para comprenderte?  Si cualquiera puede tenerte,  a mi más me cuesta quererte.  Tus calles ruidosas, tu gente curiosa, tus reglas inexistentes, tu ritmo impaciente. De buenos y de malos, de trabajadores y de vagos.  De alegres y malhumorados, de amables y enfadados.  La obsesión de quererte, la maldición de tenerte.  La incertidumbre de la suerte, la imposibilidad de perderte. Madrid, tierra de todos,  ¿a quién,  realmente, le perteneces? 

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Nuestro paso y el paso del tiempo

Me asusta lo rápido que vamos los jóvenes. Por la calle. Por la vida.  La Muerte celebra.  Mi nonno decía: “Piano, piano, si va lontano. Forte, forte, si va a la morte”.  En la velocidad de nuestros pasos se dicta la sentencia. La inevitabilidad de la muerte es sabida ya, pero el tiempo en que esta tarda en llegar… nuestros pasos lo dirán.  La prisa es protagonista en estos tiempos. Aparece en las conversaciones, en las caminatas, en momentos, en esperas, en idas y en vueltas. Hablamos deprisa – y poco escuchamos. Caminamos deprisa – y poco contemplamos. Vivimos, esperamos, vamos y venimos, sí, deprisa, y en todo eso, poco disfrutamos. Exigimos rapidez y la vida se convierte en desesperación. No es casualidad que se haya normalizado tener ansiedad. Hasta que pasa el tiempo, a toda velocidad – como tanto lo quisimos –, y nos damos cuenta de que ya no queda más. Ni tiempo, ni vida.  Sócrates, en su juicio final, decidió aceptar la pena de muerte antes que el exilio. Sostenía que, como toda su vida había obedecido las leyes de su ciudad, ahora – que estas lo condenaban – no tendría que ser momento para desobedecerlas. Mantenerse firme a un principio incluso cuando en algún momento no nos gusta tanto. Digo esto porque hay ciertos momentos en los que sí que deseamos que el tiempo vaya más lento, incluso que se pause. Me refiero a las veces en las que somos felices, en las que estamos viviendo instantes increíbles, memorables. Si en esas situaciones le pedimos al Tiempo más tiempo, que vaya lento, que no pase, lo propio sería no confundir al Tiempo, y que esa lentitud sea constante. Si no nos gusta que pase deprisa cuando todo es disfrute, no pasemos deprisa ante él cuando él es quien está disfrutando. Y la Vida también. 

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