palabras e imagen

El sueño americano

Sueño americano

El famoso sueño americano nada se parece a los sueños que muchos suelen soñar.  Para algunos, el sueño americano es soledad, vacío interno y material.  Una trampa de los demonios del mundo actual.  La multiplicidad de personas que -en esencia- no están; el dinero como principio moral; edificios construidos con ladrillos de maldad; los vicios como primer cáncer mortal.  El hedonismo te seduce con su apariencia, su voluptuosidad y sus promesas.  Te quema con sus mentiras y te mata por tu ingenuidad.  ¿Existe, allí, la felicidad?  Seguro que por algún lado sí,  pero no por todos, como se suele decir. 

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Nuestro paso y el paso del tiempo

Me asusta lo rápido que vamos los jóvenes. Por la calle. Por la vida.  La Muerte celebra.  Mi nonno decía: “Piano, piano, si va lontano. Forte, forte, si va a la morte”.  En la velocidad de nuestros pasos se dicta la sentencia. La inevitabilidad de la muerte es sabida ya, pero el tiempo en que esta tarda en llegar… nuestros pasos lo dirán.  La prisa es protagonista en estos tiempos. Aparece en las conversaciones, en las caminatas, en momentos, en esperas, en idas y en vueltas. Hablamos deprisa – y poco escuchamos. Caminamos deprisa – y poco contemplamos. Vivimos, esperamos, vamos y venimos, sí, deprisa, y en todo eso, poco disfrutamos. Exigimos rapidez y la vida se convierte en desesperación. No es casualidad que se haya normalizado tener ansiedad. Hasta que pasa el tiempo, a toda velocidad – como tanto lo quisimos –, y nos damos cuenta de que ya no queda más. Ni tiempo, ni vida.  Sócrates, en su juicio final, decidió aceptar la pena de muerte antes que el exilio. Sostenía que, como toda su vida había obedecido las leyes de su ciudad, ahora – que estas lo condenaban – no tendría que ser momento para desobedecerlas. Mantenerse firme a un principio incluso cuando en algún momento no nos gusta tanto. Digo esto porque hay ciertos momentos en los que sí que deseamos que el tiempo vaya más lento, incluso que se pause. Me refiero a las veces en las que somos felices, en las que estamos viviendo instantes increíbles, memorables. Si en esas situaciones le pedimos al Tiempo más tiempo, que vaya lento, que no pase, lo propio sería no confundir al Tiempo, y que esa lentitud sea constante. Si no nos gusta que pase deprisa cuando todo es disfrute, no pasemos deprisa ante él cuando él es quien está disfrutando. Y la Vida también. 

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Palabras silenciadas, en orden desordenado

Pd: En el caos encuentro orden, y en el orden me vuelvo caótica. Soledad. Paredes. Silencio. Una frase larga y desordenada. Diez imágenes encuadradas y veintiocho personas pensando cómo des-encuadrarlas. Entre ellas, Amelia, que no sabe trabajar bajo presión. Piensa y escribe mucho; a veces, escribe sin tanto pensar. A veces, piensa tanto que no puede escribir. “Soledad”; “paredes”; “silencio”. Palabras sueltas, imágenes colgadas. Debe elegir una y no se le da bien decidir.  ¿Será aquella de persianas cerradas? ¿Qué historia podría inventar? Persianas que le recuerdan a aquellas de la habitación en la que murió por primera vez. LA 302. Acostada en un mar de lágrimas, Amelia contemplaba los pequeños rayos de luz que esquivaban la oscuridad. Deseaba ella también poder escapar. Qué historia tan poco merecedora de ser contada. ¿O será aquella de un pasillo de hotel tambaleante? Esa sí que no. Era Amelia quien tambaleaba mientras pedía ayuda entre gritos y sollozos. No era el alcohol, era el dolor y el asco los que nublaban su vista e interrumpían sus pasos. Esa historia ya merece punto final.  Al lado, otra imagen, esta vez inentendible, pero que también trae consigo recuerdos. Esta vez de los azulejos del baño en el que intentó lavar las frías manos del hombre de su cuerpo, y que tampoco le permite gozar del olvido. Y esa otra que tranquilamente podría ser una fotografía de ella misma volviendo a su casa aquella noche. Esa sí que no elegiría.  Diez imágenes encuadradas y veintiocho personas pensando cómo des-encuadrarlas. Entre ellas, Amelia, que entre tanta gente entiende el significado de la soledad; entre tantas paredes entiende el pasado que la encarcela; y entre tanto silencio entiende que lleva muchos años permaneciendo callada.

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